DEL CIELO DE LA ANTIGÜEDAD AL UNIVERSO DEL FUTURO. ( II )

 

 
 

    PARTE: (2/6)

DISCO CELESTE DE ENEBRA
    Como comentábamos anteriormente, la astronomía no sólo influyó en nuestra arqu
itectura, también nos inspiró para crear tesoros de exquisita belleza y en el museo estatal de la prehistoria de Hall en Alemania oriental, hay un objeto que podría ser nuestro instrumento astronómico más antiguo. Es el llamado disco celeste de Nebra. Fue construido hace más de 3.500 años, en plena edad del broncen Europa. Está hecho de bronce bañado en oro y representa una diversidad de objetos en el cielo nocturno.

 

                
                Hoy os traemos la segunda de las seis entregas de este artículo. Esperamos que disfrutaseis de la
 primera parte y lo volváis a hacer de nuevo con ésta.                                                        







    En él se ven treinta y dos estrellas, el sol, la luna y un grupo de siete estrellas que son las Pléyades. También podemos observar los arcos dorados del horizonte alineados con la salida del sol en determinados días del año. Lo usaban como una especie de calendario solar.
    El disco celeste de Nebra, demuestra que una cultura sin escritura podía registrar observaciones astronómicas mediante dibujos.

    Sin embargo, a 3000 km de distancia, una de nuestras civilizaciones más importantes, elevó la astronomía a una categoría superior por medio de la palabra escrita.

      Todo empezó en el lugar que comúnmente llamamos la cuna de la civilización, la antigua Mesopotamia. Dentro de esta región estaba la célebre ciudad de Babilonia.
     Fueron los babilonios quienes hicieron las primeras observaciones científicas del firmamento hace más de tres mil años. También fueron los primeros en documentar sistemáticamente sus observaciones sobre los planetas y las estrellas y sobre el movimiento de los cuerpos celestes.

   Muchos de estos registros originales que han sobrevivido hasta hoy, se conservan en el museo británico de Londres.

   
    Dichos registros escritos sobre tablillas de arcilla, están en escritura cuneiforme, la escritura que durante siglos predominó en esta parte del mundo.

    Los babilonios fueron los primeros en mostrar auténtico interés en hacer observaciones detalladas precisas y periódicas. Documentaban eclipses, el movimiento de la luna y los planetas respecto a las estrellas. Contienen el origen de la astronomía moderna y podemos decir que es en Babilonia donde empieza todo y desde ahí se extiende al resto del mundo. Ellos creían que usando la astronomía para entender el firmamento, interpretarían la voluntad de los dioses.
     En general, la necesidad de estudiar los cielos para orientarse a la hora de tomar decisiones importantes, puede verse en todo el mundo.

   


    En América central, otra de nuestras grandes civilizaciones, se hicieron expertos astrónomos para comprender mejor la voluntad de los dioses.
       Concretamente los mayas, inventaron el sistema de escritura más sofisticado de la América precolombina. La describían en su cerámica grabando jeroglíficos en monumentos y en escaleras. Estas inscripciones sobreviven conservadas en algunas partes del territorio actual de México, Guatemala, Belice y Honduras.

      También está documentado que los mayas escribieron libros en papel hecho con hojas de ficus. Casi todos se han perdido con el paso del tiempo descompuestos por el húmedo clima de Centroamérica. Pero en la biblioteca estatal universitaria de Sajonia, se encuentra uno de los cuatro únicos libros maya que quedan en el mundo, el llamado Códice Dresde. Data del siglo XI o XII. Es el más completo de los cuatro libros escritos por los mayas que han sobrevivido y muestra cómo estudiaban el cielo para tomar decisiones en su vida diaria. Era un libro que usaban los sacerdotes mayas para aconsejar al pueblo, por ejemplo, sobre el día adecuado para hacer ofrendas de alimentos a un dios concreto o el mejor día para ir de caza o cuándo iba a llover.


      
       Todas las grandes civilizaciones del mundo han mirado al cielo y registrado lo que veían en él. Los egipcios empezaron a diseñar relojes estelares para seguir los movimientos de una selección de estrellas.

    También, los antiguos observadores de estrellas de la India, escribían detalladas observaciones del firmamento y los astrónomos chinos elaboraron complejos mapas de las estrellas.


        Se podría decir que había nacido a la ciencia de la Astronomía

.

      Todos los antiguos astrónomos necesitaban medios para orientarse en un cielo nocturno maravillosamente complejo.

       Cuando salimos de noche y miramos hacia arriba, vemos que las estrellas forman los mismos dibujos noche tras noche. Esos dibujos permitieron a nuestros antepasados establecer puntos de referencia inolvidables en el cielo.

       

   
   Esos puntos son las constelaciones. Una constelación es un grupo de estrellas y tendemos a verlas por todo el firmamento. Por ejemplo, está la constelación de Orión, representando al cazador Orión, que se parece bastante a un cazador con el brazo alzado.


    No todas las culturas veían las mismas formas en el firmamento. Los astrónomos chinos veían animales como un burro una serpiente y un dragón. Los nativos americanos veían un castor un búho y un lobo.

    Actualmente, en la cultura occidental, existen ochenta y ocho constelaciones oficialmente reconocidas. Pero el número que conocemos la mayoría de nosotros es muy inferior y son las que se han agrupado en lo que ahora llamamos el Zodiaco. Las doce constelaciones del zodiaco proporcionaban a los astrónomos un sistema virtual de cuadrículas en el cielo y usaban estas cuadrículas para localizar con exactitud todas sus observaciones. De esta forma, los babilonios fueron capaces de construir un modelo matemático del cosmos y de predecir los movimientos de estrellas y planetas. Aunque su astronomía era científica, sus escritos demuestran que todavía pensaban que todo lo que había en el firmamento era movido por dioses.

    En cambio, el surgimiento de una nueva civilización estaba a punto de revolucionar por completo nuestra forma de entender el cosmos.

    Hace casi 3000 años los pueblos de Grecia y el mar Egeo salían de una era oscura. Para los antiguos griegos el mundo era un espacio que compartían con seres sobrenaturales donde un dios podía convertir a un mortal en una constelación de estrellas y el sol cruzaba el cielo cada día montado en un ardiente carro.

    La tradición era explicar los movimientos de estrellas y planetas con historias de dioses. Estos seres divinos pueblan los grandes poemas épicos de los comienzos de la antigua Grecia. Como otros pueblos de la antigüedad, los griegos, no consideraban la existencia del cielo en otra dimensión y sus historias hablan de un mundo en que dioses inmortales viven unos junto a otros. Pero para los seres humanos el cielo estaba fuera de su alcance. Todo mortal que intentará alcanzarlo se arriesgaba a despertar la ira divina y caer en desgracia.

    Seguramente no haya otro mito griego que ilustre mejor esta idea que el de un hombre llamado Dédalo y su hijo Ícaro. 

" Dédalo echó a volar como un pájaro y animó a su hijo a que lo siguiera enseñándole el peligroso arte de volar. El muchacho empezó a disfrutar de sus audaces vuelos y, llevado por el deseo de alcanzar el cielo, subió aún más y más. Su proximidad al Sol ablandó la cera que sostenían sus alas y terminó derritiéndola. Intentó planear con los brazos desnudos, pero no lograba dominar el aire. Mientras aún gritaba el nombre de su padre, desapareció en el mar oscuro."

 

    Tendrían que pasar más de dos mil años para que el ser humano volviera a aventurarse en los cielos aún a riesgo de causar la ira de los dioses. Los antiguos griegos se echaron al mar para comerciar y colonizar tierras muy alejadas de la suya. Los expertos navegantes se aventuraron a ultramar en busca de nuevas oportunidades y al hacerlo entraron en contacto con muchas culturas diferentes a la suya. Tomaron el alfabeto de los fenicios e influencias artísticas de los egipcios y de los babilonios la astronomía. Armados de los conocimientos astronómicos aprendidos de los babilonios, los griegos, comenzaron a cambiar su manera de interpretar el cosmos. No les bastaba con la observación y la predicción, sino que querían saber por qué las cosas que veían en el cielo se movían de la manera en que lo hacían.

 

    Hay un hombre a quien se le atribuye el mayor cambio en nuestra comprensión del cosmos. Se llamaba Tales de Mileto. Se dice que fue el padre de la filosofía y cambió la forma de pensar de los griegos a la hora de hacerse preguntas sobre el mundo natural. Tales vivió en el siglo VI antes de cristo. Se le reconoce el mérito de ser la primera persona en cuestionarse la creencia de que el cosmos pudiera explicarse a través de la mitología. Para Tales y sus colegas filósofos, cada objeto observable en el cosmos debía tener una explicación racional científica. Pensaban que esto se cumplía en las cosas que pasaban en el cielo, como por ejemplo, el movimiento del Sol y de la Luna.

    Fue un momento decisivo en nuestra comprensión científica del universo, ya era posible creer que todo lo que observábamos en el cielo era parte del mundo natural, no del sobrenatural. Es asombroso el cambio tan increíble que supuso el paso de una época oscura a este periodo del nacimiento de la filosofía y de la ciencia.

    Comenzaba el amanecer de una nueva era en la historia de la humanidad en la que cambiaríamos nuestra forma de ver el mundo que nos rodea, el cielo sobre nosotros y todo lo que hay allí, para siempre.


    Haremos aquí la parada para la siguiente entrada, ya que no queremos seguir extendiéndonos. Esperamos la hayáis disfrutado tanto como nosotros. Saludos a todos los lectores y hasta la próxima entrega.

Continuará







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