Debido a su brillo, las civilizaciones antiguas lo asociaron con la belleza, la feminidad y el amor.
En la mitología romana la diosa de la belleza y el amor era Venus. En su honor, los romanos bautizaron a este planeta con su nombre.
La posición de Venus en el cielo varía a lo largo del año dependiendo de su posición en su órbita. Hay períodos en que Venus solo es visible unas horas al amanecer mientras que durante otros períodos solo es visible al anochecer.
Este fenómeno hizo que algunas civilizaciones antiguas creyeran que se trataba en realidad de dos cuerpos celestes distintos. La civilización griega, creyendo que se trataba de dos estrellas, las conocía como Fósforo (estrella o lucero del alba) y Héspero (estrella o lucero vespertino).
